viernes, 10 de diciembre de 2010

Golpes.

Miércoles 8 de diciembre. Yo sostenía que hasta ese entonces Dios me había abandonado, pero descubrí que me estuvo acompañando siempre. Nunca en la vida creí que algo tan pequeño, tan carente de violencia y despecho, podía hacer algo así. Mi rostro de asombro todavía dura, tratando de reconstruir los hechos a través de la vida que hicieron que esa determinación fuera tan negra. Dios me envió su última señal, su luz de advertencia, su llamada a reflexión. Nunca me dejó, y esperó que el peligro fuera constante en mi vida para poder llevar a cabo su comunicado. Lamentablemente recibí su recado... Y ya reflexioné.

El virus se seguirá propagando. Yo no voy a dejar que me infecte.


".... Padre nuestro que estás en el cielo...."







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