viernes, 28 de agosto de 2009

Ella se preparó un café.

Ella se preparó un café, se sentó en el living-comedor de la pensión que pertenecía a su padre, y empezó a escribir lo siguiente para el muchacho poeta, que se alojaba desde el viernes.

"Te escribo esta carta para decirte que TE AMO. Soy una mujer apasionada y enamorada que encontró al hombre de su vida. Es por eso que te pido que destruyas esta carta y te vayas de acá, porque si te encuentro cuando regrese, significa que compartimos los mismos sentimientos, y que unos une una misma razón: EL OTRO. Si no te encuentro hoy, te habrás ido lejos, a vagar con tus palabras a otra parte, a dedicarle poemas a otra mujer. Si te encuentro, mi alegría será inmensa. Sólo te pido que no me lastimes, porque si te quedas y no me amas, me vas a hacer sufrir más que si no te quedas y te marchas. Sé sincero con vos mismo".

Una vez terminada la firmó y la selló con un beso.

Ella agarró la llaves de la habitación del mostrador de su padre, subió las escaleras, abrió la puerta y dejó su manuscrito yaciendo a un costado de la cama.

Él regresó de hablar con sus hojas de papel, y leyó el comunicado. Quedó estupefacto, con la mirada perdida, pensando qué podía haber hecho para que esa mujer se sienta de esa manera para con él. Pensaba entre otras cosas, que él no estaba hecho para amar, que solamente podía dedicarle tiempo al amor mediante su profesión, que la soledad era su única compañía, que la soledad le dolía, que necesitaba una mujer, que necesitaba amor de una mujer, que no se sentía enomaradado de ella, pero de esa manera podía ponerle fin a sus épocas de independencia y soledad, que lo estaban atormentando, y que la única solución era ESTAR CON ELLA, porque ni las palabras en tinta podían sanar aquellas heridas de su destierro.

Así que se quedó. Se quedó para vivir en un mundo de mentiras, inventos, engaños, burlas, mixtificaciones. ¿Escapar? No, no podía. O sí podía: FALTANDO A LA VERDAD. Esa necesidad de matar su encierro interior, su incoherencia, lo llevaron a la locura. A una locura que desencadenó en una guerra, una batalla entre él y su Dios, en la cual no pudo salir victorioso.

Y se tuvo que ir con sus mentiras a otra parte, a buscar palabras, hojas y tinta a otro lugar.

A la mañana siguiente, ella se preparó un café, se sentó y comenzó a escribir una carta para el muchacho que había llegado a la pensión y que le faltaba la residencia para obtener la profesión de médico: "Te escribo esta carta para decirte que TE AMO. Soy una mujer apasionada y enamorada que encontró al hombre de su vida. Es por eso que te pido que..... [...]"

No hay comentarios:

Publicar un comentario